Y va pasando el tiempo y más me alejo, y ya no siento la necesidad imperiosa de comprender actitudes... Ya no, eso agota. Mucho mejor sentir el cansancio de una buena caminata en un dia de excursión, o el de las tripas tras un rato de buenas risas... Eso sí que no tiene precio!!!
Me niego a seguir intentando soltar nudos de esos lazos que, pareciendo tan hermosos, sólo forman parte de un regalo envenenado... Gracias, pero no, ya no.
Disculpad mi comportamiento grosero por no quedarme a escuchar esos buenos consejos, esos innumerables halagos y esas cálidas palabras de aliento y es que tengo un motivo de peso: me apremia la vida.
sábado, 30 de marzo de 2019
Tic... Tac... Tic... Tac...
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